martes, mayo 26, 2009

Informa

Flotando en un cielo ocre divisé un cable flotando libremente por el espacio, me asomé a su interior, introduciéndome por sus moléculas y fusionándome con sus flujos de energía. Del otro lado del cable enviaban suprainformación codificada en forma de hebras de ADN quantificado. Dentro de ese ADN se mostraba la ciudad de cristal, emitiendo taquiones al cable metamórfico desde la torre piramidal de entrada/salida.

lunes, mayo 25, 2009

La lechuga y la tierra

Érase una vez una lechuga feliz. Vivía en la huerta junto a tomateras, higueras, cerezos y limoneros. Todas las mañanas sonreía al sol o se reía con las gotas de agua que regaban su cara. Unas veces dormitaba la siesta a la sombra de las nubes o el fulgor de la tormenta le hacía temblar de emoción. Cada cierto tiempo, el labriego le obsequiaba con agua fresca de la acequia. Un buen día, los hombres del malvado rey se llevaron al buen huertano por unas deudas de tierra. La lechuga siguió creciendo feliz aunque echaba de menos el agua canalizada. Al anochecer, después de un día especialmente seco, la lechuga se dio cuenta de que sus amados amigos de la huerta se estaban secando como ella. A la mañana siguiente, replegó sus hojas y las introdujo en la polvorienta tierra, sacando de cuajo sus raíces. Comenzó a caminar como los hombres, a veces tropezaba un poquito con la falda de sus hojas más verduscas y largas, pero se le daba maña el caminar. Por fin llegó a la compuerta, instaló sus raíces junto al agua, para estar siempre regada y liberó al azul fluido hacia las sedientas plantas. Esa noche en la huerta se celebró una fiesta, no en honor de la lechuga, ni del agua, ni del río, sino de la tierra casi convertida en baldía, pues ella le hizo nacer patas a la esperanza y echar raíces al alma.

lunes, mayo 11, 2009

El sueño de la serpiente

Un horrible ser me miraba fijamente con hipnóticos ojos psicóticos, era de apariencia humana, aunque emanaba una maldad profunda y pura. La piel de su cabeza comenzó a abrirse en dos y emergió una cosa humanoide con cabeza de serpiente, de ojos rojos y amenazantes.
Abrió la boca para engullirme. Mi primera reacción fue agarrarla por el cuello, mientras su lengua viperina me rozaba la cara y su cabeza se retorcía para asestarme una dentellada monstruosa. Pronto vi que aquella lucha acabaría finalmente conmigo.
- Eso es lo que quieres, monstruo, no te voy a dar ese gusto.
Así que dejé de luchar, la miré a los ojos de su alma y le dije:
- Tú eres yo y yo soy tú.
Fin de la violencia, me fundo con la serpiente.