miércoles, agosto 24, 2011

Ficticia 143



Había descorchado su imaginación al servicio de su pecho torrencial, era el momento de poner un punto y coma; seguir con otra cosa para continuar rodando sin forma.
Nada le atemorizaba sin que lo viera y le dijeran: cógeme el tobillo roto, las ratas juegan a las cartas.
Sin lugar a dudas, el impás se había apoderado del correteo, era la hora de pinchar lo anecdótico.
Llegaba al lugar sagrado de lo comúnmente asociado a todas partes.
Lloré de felicidad ansiosa.


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